ENTREVISTA A JESUCRISTO RIQUELME
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1. Entre los días 6 y 9 de junio
pasados se han desarrollado las I Jornadas Hernandianas en Rusia.
¿Qué ha supuesto para usted su participación
en ellas?
La
participación en actividades de proyección cultural
en países extranjeros siempre me ha permitido la oportunidad
de poder aprovechar la ampliación de horizontes intelectuales
y sociales por medio de una causa común como la literatura,
una constante en mi vida profesional de profesor e investigador.
A la satisfacción de aprehender y aprender con esta amplitud
de horizontes nuevos enfoques de análisis y nuevas pautas
sociales de conducta ante la cultura, he de sumar el deleite de
colaborar en la proyección internacional -en países
de habla hispana o no- de la figura y la obra de Miguel Hernández,
el poeta español del siglo XX con más predicamento
y prestigio social de todo el mundo hispánico.
Finalmente, contribuir a fortalecer los lazos de la fundación
Cultural Miguel Hernández y del Instituto Cervantes -“de
la mano de Miguel Hernández”- supone asimismo un
mayor número de contactos cualificados en el ámbito
de la gestión cultural, y de la literatura (tanto en su
vertiente creativa como en su vertiente académica o universitaria).
La optimización del viaje radicaba en la posibilidad de
activar in situ las pesquisas y los contactos iniciados desde
España para poder recuperar datos, fotos o tal vez imágenes
grabadas de Miguel Hernández en su viaje histórico
a Moscú, Leningrado, Harkov y Kiev en 1937.
2.
¿Qué valoraciones haría sobre el desarrollo
de estas Jornadas?
Las Jornadas en Rusia son el segundo eslabón de un proceso
abierto por la FCMH con la finalidad de conseguir una proyección
internacional del escritor oriolano; el primero se desarrolló
en Filipinas, con éxito y con posibilidades de profundización
en una segunda etapa ya en Manila ya en la vecina Hong-Kong, con
dos de cuyas Universidades se entró en contacto.
Suponen, pues, una continuidad en esa labor de difusión
más allá de nuestras fronteras nacionales. El balance
de las Jornadas en Rusia (en san Petersburgo y en Moscú)
ha supuesto para la figura de Miguel Hernández un nuevo
hito; y ello porque las Jornadas han sido planificadas y programadas
con antelación suficiente y con la eficiencia de los responsables
que han actuado con rigor sistemático y con conocimiento
pleno de las realidades españolas y rusa. Las funciones
desempeñadas por Cristina de Lama, en España (desde
la FCMH), y por Andrés Santana, en Moscú (desde
la Embajada de España), bajo la supervisión del
director de la Fundación, han sido decisivas para el logro
con eficiencia de los objetivos marcados.
La idea de estas Jornadas en Rusia surgió en el marco del
II Congreso Internacional sobre Miguel Hernández (Madrid),
en octubre de 2003. En junio de 2005 se llevaron a cabo en las
dos ciudades rusas: el cumplimiento de estas promesas de universalización
del espíritu hernandiano y de su ilustrador sueño
de la superación de barreras sociales y económicas
por medio de la cultura no puede más que congratularnos
por el futuro esperanzador de actividades como ésta; se
trata de una sucesión en la cadena de actos hernandianos
que entrelaza en el tiempo unos con otros.
En concreto, las I Jornadas Hernandianas en Rusia se colmaron
de sentido por la estrategia de “círculos hernandianos”:
el creado en Moscú reunió a la pléyade de
estudiosos (profesores, traductores y creadores) más prestigiosa
entre los hispanistas rusos; las expectativas de estudios y traducciones
del poeta de Orihuela fueron numerosas; y, al rebufo de él,
de otros ilustres escritores españoles también.
El acto celebrado en el Paraninfo de la Universidad Estatal Lingüística,
de Moscú, supuso un espaldarazo para todo el ámbito
académico por su formalidad y sus crecientes propuestas
de traducciones del escritor homenajeado. Ya sabemos que un escritor
que no ha sido traducido a varias lenguas del mundo, no puede
conseguir el marchamo de escritor universal más que en
la ilusión de los ingenuos. El camino emprendido parece
uno de los adecuados.
Además, se logró la optimización de las relaciones
entre artistas contemporáneos españoles (plástica
y literatura), para no limitarnos a la persona de Miguel Hernández:
se homenajeó al editor Manuel Altolaguirre con un excelente
trabajo capitaneado por César Moreno, y pudimos contemplar
una representación con recital poético-teatral,
de la máxima emotividad, preparado por la profesora Ester
Tabasco con estudiantes rusos de español del Instituto
Cervantes. Otro de los momentos estelares lo constituyó
un concierto de música a cargo del compositor José
Luis Nieto, quien actuó junto con parte de los virtuosos
de Moscú –un estreno mundial, inspirado en poemas
de Miguel Hernández, algunos de ellos cantados-; este acto
fue presidido por la Secretaria General de Cultura de la Conselleria
de Cultura, Educación y Deportes de nuestra Generalitat
Valenciana, Concha Gómez-Ocaña.
3. ¿Considera importante la continuidad de estos
actos en Rusia para seguir impulsando la figura de Miguel Hernández?
Por supuesto. Hablar de Miguel Hernández y, sobre todo,
leer en público fragmentos o poemas del escritor oriolano
es la mejor manera de (de)mostrar la vigencia de nuestro poeta:
primero, porque impacta de inmediato a quien no lo conocía;
y, segundo, porque, ante ese respaldo social y cultural generalizado,
se abren expectativas de afianzamiento entre los hispanistas.
Quizás lo más determinante de esta fascinación
por Miguel Hernández sea el deseo de que puedan conocerlo
más ciudadanos rusos (y hablantes del idioma ruso) ante
ediciones bilingües cuidadas por expertos de una y otra lenguas.
A las traducciones de la antología en inglés difundida
en Manila, suceden la propuesta nonata de publicación en
chino (para Hong-Kong y el inminente Instituto Cervantes de Pekín)
y la propuesta en ruso.
Tal vez el acto más emotivo en Moscú fue la aceptación
del nombre de Miguel Hernández para el colegio más
antiguo del sistema educativo ruso, el colegio nº 110 de
la ciudad moscovita. Sus estudiantes, de los niveles equivalentes
a nuestras enseñanzas Primaria y Secundaria, son bilingües
(ruso, español) y ofrecieron un delicado recibimiento con
lecturas y memorizaciones de la vida y de poemas de M. Hernández.
Quedó prevista la tramitación para realizar un intercambio
de estudiantes entre este colegio y un colegio español
de la zona de Orihuela (bien el que ya bautizado como Miguel Hernández
en Orihuela bien otro); con ese motivo y el de cerrar, supervisar
o presentar estudios y traducciones de los hispanistas rusos,
podrá continuarse esta tarea en Moscú a lo largo
de 2006. Ese mismo año la continuidad de esta estrategia
cultural será motivo de análisis y preparación
de la FCMH para gestionar la visita a otro u otros lugares del
mundo y ampliar los “círculos hernandianos”
y fortalecer los ya iniciados. Pocos poetas han merecido estos
honores. Los frutos se recogerán, sin duda, en los próximos
años. También Orihuela está siendo conocida
allende España.
4. ¿Cómo calificaría la acogida o
respuesta de los moscovitas ante estas jornadas?
El poder de convocatoria ha sido producto de un trabajo excelente
de gestión cultural y de relaciones humanas y profesionales
en Rusia. La asistencia a todos los actos fue numerosa y sorprende
ver reunidas, en torno a la palabra del poeta, a muchas más
personas que se imaginan en una obra de teatro sobre su vida en
el Teatro Circo oriolano, por ejemplo. Los actos en el Paraninfo
de la Universidad Estatal Lingüística, de Moscú,
comenzaron la solemnidad de los himnos nacionales de España
y de la Federación Rusa; hubo minuciosos discursos de recibimiento
y de poesía a cargo de autoridades académicas, poetas
y profesores de nombradía; el público, atentísimo,
superaba las dos centenas, y, al final, de las intervenciones
de Juan José Sánchez, el director de la FCMH, y
de la exposición a modo de breve guía de lectura
que tuve el honor de hacer, hubo preguntas en las que se manifestó
la inquietud por conocer no sólo aspectos de M. Hernández
sino también de la situación actual de la poesía
y el teatro en España hoy. El concierto reunió a
otras tantas personas que llenaron el local escogido para el acto.
La celebración del “Círculo hernandiano”
de los hispanistas rusos logró la participación
de más de veinte profesores. El cariño de todo el
claustro de profesores del colegio nº 110 y de gran parte
de sus estudiantes, que con tanto tiempo, esmero y buenos resultados
habían preparado su recepción, pusieron el broche.
Pero también dejaron pequeño el aforo del salón
de actos del Instituto Cervantes los enfervorizados asistentes
a la escenificación del recital poético con actores
todos ellos rusos.
Incluso la prensa moscovita recogió en ruso la realización
de estas Jornadas, amén de los medios de comunicación
españoles, hasta tal punto que el propio Embajador de España
en Moscú quiso felicitar efusivamente al director de la
FCMH.
5. Retomando su ponencia del día 8 “Miguel
Hernández: constantes y variables de una producción
poética”, ¿considera que, a partir de Miguel
Hernández, la poesía comenzó un auténtico
proceso de rehumanización?
Mi exposición tenía como punto de partida, en efecto,
el teatro de M. Hernández ya que ésa fue la causa
de su viaje a la entonces URSS como integrante de la comisión
republicana para acudir al V Festival de Teatro Soviético.
Como era de esperar, salvo en los ámbitos académicos,
Miguel Hernández era un poeta e incluso un nombre absolutamente
desconocido en la Rusia de hoy; por tanto, me pareció aconsejable
proceder didácticamente a una presentación del escritor
destacando, cronológicamente, su proceso de formación
y creación estética en perfecta simbiosis desde
sus orígenes con su preocupación social y por su
entorno más inmediato. Miguel Hernández resulta
trascendente precisamente porque la re-humanización es
la clave de su vigencia; Hernández es el primer gran poeta
que recurre a la manifestación de sentimientos (amorosos
e íntimos socioamorosamente) cantando a una mujer (en su
poesía amatoria) o a unos hombres (en su poesía
social y épica) reales. Aunque cambie de mujer como inspiración
poética, siempre será una mujer de carne y hueso
la destinataria de sus palabras. La pertinencia universal de sus
motivos poéticos y las constantes de su expresión
lírica o épica (sus metáforas y sus símbolos
terruñeros, agrícolas) lo erigen en un modelo del
clasicismo del siglo XX. ël, que había recibido y
asimilado santísimas influencias literarias, servirá
pronto de estímulo y acicate expresivo: el éxito
de sus sonetos serán el acicate para que su admirado Federico
García Lorca retome la estrofa clásica en sus últimas
composiciones (de publicación póstuma) por someterse
a las exigencias formales y temáticas de lo que la nueva
poesía y los jóvenes de hoy están haciendo,
decía el granadino: fueron sus sorprendentes “Sonetos
al amor oscuro”. De los libros de M. Hernández El
hombre acecha -casualmente de publicación póstuma
también- y de su excelente Cancionero y romancero de ausencias
brota una veta poética de poesía que enaltece el
gran Dámaso Alonso en su cercano Los hijos de la ira: poemarios
de dolor y emociones constreñidas por la postguerra y el
rencor. De sus sonetos taurinos (el toro como trasunto amoroso)
se valió Rafael Morales, quien a su vez continúa
la línea concomitante de valoración de lo nimio,
cotidiano y pequeño –incluso despreciable o soez-
de Odas menores de Pablo Neruda o de Perito en lunas y otros poemas
hernandianos, como su famosa oda al cubo de basura. Otro gran
poeta social, Leopoldo de Luis, ha reconocido su deuda literaria
al oriolano. Resultan admirables las coincidencias de la poesía
entre León Felipe y el oriolano en muchísimos aspectos.
Todos ellos son poetas ya de la re-humanización: lo humano
concreto y real como elemento de su poeticidad. Hoy apenas concebimos
la letra –el poema- de una canción moderna sin referencias
amorosas que podamos considerar verdaderas y no basadas en una
manida tradición literaria. ¡Qué difícil
resulta pedir un poema amoroso o lírico (sobre la amistad)
o social o épico y que no surja la voz de nuestro oriolano
más universal!
6. La temática hernandiana es realmente variada:
la libertad, el amor, la justicia, ... ¿Considera por ello
que podríamos calificar a Miguel Hernández como
un poeta atemporal y a la vez vanguardista en su época?
Atemporal exactamente, no. Miguel Hernández es el arquetipo
de hombre que unió su vida y su poesía en su destino
a lo largo de su breve existencia (y en el significado que le
ha conferido la posteridad). Hernández es de los escritores
más contingentes, sinceros e involucrados con su realidad,
con su tiempo: autenticidad y belleza creada en palabras no extraída
de la realidad (a veces torpe, cruel, cruenta, reprobable o fea
sencillamente). Si Hernández no hubiera vivido y cantado
sus avatares (sentimientos, emociones) íntimos y colectivos
durante el período histórico de la II República
española y de la Guerra “incivil” española
(e, incluso, su muerte no hubiera acaecido como sucedió
en una prisión de un dictador que impuso la victoria),
con tantas tragedias personales, con tanta miseria afectiva, probablemente
no hubiera tenido ese necesaria caja de resonancia social (y política)
para hacer confluir su voz con la de la inmensa mayoría…
Lo que ocurre con M. Hernández es que no hace falta conocer
su contexto vital e histórico, pero, si se conoce, profundizamos
más y nos sobrecoge más su poesía; su poesía
vale para todos los tiempos no es lo mismo que decir que es atemporal
porque quizás esta expresión prive de compromiso
a un poeta tan poroso de acontecimientos solidarios; lo que sucede
es que logra hacer que su contexto se abstraiga y se convierta
en un símbolo, que lo que a él le ocurrió
pueda ser sentido como lo que puede ocurrirnos o nos ocurre a
nosotros figuradamente en otras situaciones, en otras épocas,
en otros lugares.
Y tampoco se puede considerar a M. Hernández un vanguardista:
más bien es un escritor típico del clasicismo literario
de la época; un clasicismo en formas expresivas y en contenidos
que supera los movimientos estéticos de la vanguardia de
entonces (la del principio de sigo XX): movimientos vanguardistas
que fueron conceptualmente elitistas, alienantes y en cierto modo
enajenadores de la realidad (y casi todos ellos, incluso la poesía
pura, exentos de compromiso social progresista). Así lo
vio el propio Miguel cuando criticó esa estética
del cubismo de Picasso (al comentar, sin comprender, el Guernica).
Y así lo vislumbró con perspicacia intelectual el
filósofo José Ortega y Gasset que publica, en un
intervalo de apenas cinco años, La deshumanización
del arte (1925) y La Rebelión de las masas (1930): Miguel
Hernández se mantuvo bastante ajeno a los –ismos
y a posiciones de vanguardia estética, salvo que ésta
se sintiera involucrada en la recuperación de lo rural,
de la tierra, del barro, de la persona, … como vio en la
plástica pictórica y escultural de la Escuela de
Vallecas, por ejemplo. Miguel Hernández es más universal
y popular probablemente porque no fue un vanguardista en su expresión.
Fue un revolucionario, eso sí, incluso hablando de amor…
Si M. Hernández nos sigue interesando es, sin duda, porque
lo sentimos humano y nos sentimos nosotros mismos protagonistas
de sus poemas o los leemos y nos emocionamos porque nos identificamos
con esa fuerza y con esos juegos de palabras con tanto sentido
y tanto sentimiento.
Trini
Ruiz
María José Lidón
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CONSTANTES Y VARIABLES DE
UNA EVOLUCIÓN POÉTICA
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En unas jornadas de este tipo, dispuestas a
engrandecer y extender la figura de Miguel Hernández, una
conferencia de este tipo se suponía asignatura obligada.
Pues siendo como es el oriolano un autor no demasiado conocido
en Rusia, exceptuando los círculos más académicos,
parecía lógico repasar tanto su trayectoria vital,
como la cronológica, con el fin de acercarlo un poco más,
aunque fuera de un modo introductorio, al gran público.
‘Miguel Hernández: constantes y variables de una
evolución poética’ pretendía ser, partiendo
de una mirada retrospectiva, tanto a la vida como a la obra del
oriolano, un fiel reflejo de la evolución estilística
que sufrió, y que lo llevó, en apenas diez años,
de abrazar la poesía pura, a la impura, la comprometida
y belicosa, y a despojarse, en sus últimos y agónicos
años de vida, de cualquier andamiaje poético, para
ofrecernos unos textos cargados de dolor. Vida y obra, dos facetas
que, si generalmente, resulta difícil deslindar, en el
caso en particular de alguien que tuvo unas vicisitudes vitales
tan señaladas, y que vivió con tanta intensidad
su corta vida, hechos que incidieron directamente en su obra,
la empresa adquiere dimensiones, si se quiere, casi proteicas.
Es por ello que el profesor Riquelme, desde esa necesaria comunión
entre ambas facetas, y pasando el texto por el tamiz de un conveniente
didactismo, trazó una línea a través de los
sucesos más trascendentales de su vida, en estricto orden
cronológico, pero a partir de su producción literaria.
Divide
su trayectoria vital a partir de sus obras más importantes.
Así, la primera etapa le lleva, a través de la influencia
del paisaje oriolano, el neocatolicismo de Sijé y su acercamiento
a la poesía pura neogongorina, a su primer poemario, Perito
en lunas. Una etapa en la que Riquelme nos presenta a un Miguel
Hernández ‘adolescente, joven e inquieto’,
que únicamente llegará a ver lo que asalta sus sentidos
de un modo tan ‘inocente’ como ‘inmediato’.
Un poeta que comienza ya a ser consciente de que lo suyo es algo
más que una vocación, pero que todavía escribe
por el mero hecho de deleitarse creando versos; y Luis de Góngora
es el modelo que utiliza en sus primeros devaneos poéticos,
unos divertimentos que, por otro lado, encierran, por el gran
potencial que era inherente a Hernández, un poesía
que poco tiene de poeta primerizo.
Pero
en cuanto entran en liza dos factores tan importantes en la simbología
hernandiana como son el amor y la ciudad de Madrid, su evolución
comienza a ser más patente y evidente. El rayo que no cesa
es la plasmación de una crisis personal que se ha extendido
a su poesía, y que una constante diatriba entre la realidad
y un deseo amoroso que lo consume y abrasa por dentro. Afirmando
Jesucristo Riquelme que estamos ante “la transición
a una nueva situación de madurez y choque evolutivo”.
Llegados
al momento de la poesía más comprometida ideológicamente,
plasmada en Viento del pueblo y El hombre acecha, nos encontramos
con un Miguel Hernández que emerge de las profundidades
de sus sentimientos para darse de bruces con una realidad externa
que no es ciertamente la más deseable. La guerra causa
en el oriolano unos efectos devastadores ya no solo en lo físico
sino también, y sobre todo, en lo anímico; efectos
que irá ya arrastrando hasta el fin de sus días.
Una poesía plagada de desánimo y dolor, de amplia
gravedad y versos que rezuman derrota en cada palabra, en cada
línea. Para pasar a centrarse en la penosa etapa de la
biografía hernandiana en la que se vio forzado a transitar
por gran número de cárceles franquistas, escribiendo
sus versos a hurtadillas en un gastado cuadernillo, el tan celebrado
como triste Cancionero y romancero de ausencias, su último
legado antes de llegar el injusto final.
Una
vez que Riquelme había desgranado esa trayectoria vital
y artística de Miguel Hernández, su conferencia
pasó a centrarse en unos aspectos que, pese a ser, quizás,
de un interés no tan marcado como los desarrollados en
la primera parte, reforzaban más aún si cabe la
visión que se estaba intentando formar en las mentes de
los asistentes a la conferencia. Así, el primer punto no
podía ser otro que uno de aquellos que Miguel Hernández
tanto se encargó de difundir durante sus primeros meses
en Madrid, quizás para darse a conocer, quizás por
hacer extrañamente, orgullo de su propia sed. Este punto
no es otro que el famoso autodidactismo del poeta oriolano, que,
junto al de pastor de cabras echado a los leones de las letras,
eran dos de esos mitos que siempre le acompañarían.
Además, “el escritor contribuye – según
Riquelme – al intento de superación colectiva de
un pueblo analfabeto, entonces”. Pasando a afirmar que “el
espíritu hernandiano hoy (...) consiste en la lucha por
la vida, auxiliado por la cultura, con la esperanza de un mundo
mejor para todos”.
Otra
de esas grandes virtudes que, afirma Riquelme, posee la obra hernandiana,
y que nos ofrece aquí para aumentar, más si cabe,
el espectro trazado a lo largo de esta aglutinante y totalizadora
conferencia, es el de esa perfecta simbiosis que, en los versos
de Hernández, subyace en lo referente a la bella poesía,
a la lírica, al arte por el arte, con el compromiso político
y social. Consiguiendo, no sabemos si consciente o inconscientemente,
que “el que lee se sienta protagonista de lo que lee y se
emociona porque se identifica con el sujeto lírico”.
La biografía trágica de Hernández, su perpetua
y simbólica afiliación a la causa republicana, o
lo accesible y humano de sus poemas son el preámbulo al
final de la conferencia. Una conferencia que, si bien por un lado
tenía las claras premisas de informar y acercar la figura
de Hernández al pueblo ruso, proclamaba, por encima de
cualquier otro objetivo una vez llegaba a su final, el ferviente
deseo de que esa gran mayoría rusa leyese con emoción
los versos de Miguel Hernández.
“Lean
a Miguel Hernández, y que su espíritu de libertad
nos alcance”.
Así
sea.
Óscar M. Ferrández

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