Archivo de Exposiciones

“El amor que no cesa”. Pinturas de Eva Ruiz, sobre Miguel Hernández

“El amor que no cesa”. Pinturas de Eva Ruiz, sobre Miguel Hernández

“Pasear a través de la obra de Eva es recrear nuestro entorno desde de la magia de la sencillez y la fiesta de la quietud. Su mirada enriquece el paisaje, los rostros, el declinar del tiempo. Y esa riqueza nos honra y nos obliga a reflexionar, a volar, a sentir la luz. Eva Ruiz, demiurgo del sureste, manos y ojos imprescindibles”.  (Raquel Lanseros)

Abierta de lunes a viernes de 17 a 20 horas.  Hasta el 25 de septiembre de 2011. Organiza Agrupación ateneísta Juan Negrín.

Sala de exposiciones Espacio Prado. Ateneo de Madrid.
C/ del Prado, 21 Madrid.

Introducción del catálogo

La pintora oriolana Eva Ruiz nos tiene acostumbrados en sus recientes exposiciones a propuestas artísticas transparentes, rigurosas en las técnicas utilizadas, comprometidas con los paisajes afectivos y siempre intimistas de su propio palpitar humano y por ello también reconocibles para todos los oriolanos, sin simplismos ni mixtificaciones, de verdad y por ello sinceras, Su identificación con la poética de Miguel Hernández va más allá de esa plasmación de lugares entrañablemente ligados al universal poeta oriolano, pues su percepción de dichos espacios geográficos, gastados a nuestros ojos por la cotidiana presencia, es nueva siempre en ella, ilusionante y, especialmente, cercana a quien se sintió cantor de las esperanzas y sueños de todo un pueblo.

El Ateneo de Madrid, institución cultural en la que la libertad y las Humanidades en su más amplia expresión (Bellas Artes, Literatura, Escultura, tertulias, etc.) fueron sus señas de identidad y que tuvo entre
sus asiduos visitantes a Miguel Hernández, fue el primer espacio expositivo de Rafael Alberti en aquellos
años veinte tan intensos. Ahora Eva Ruiz, vanguardista en su clásica paleta, innovadora en su visión íntima y transparente de los rincones hernandianos de Oriliuela, muestra en la Docta Casa los frutos de un permanente recuerdo a Miguel Hernández, más allá del centenario de su nacimiento. Si entre los seculares muros del Ateneo nuestro poeta recitó versos comprometidos en los años precedentes a la Guerra Civil, ahora Eva Ruiz nos ofrece con vivos colores -a la vez callados y silenciosamente bellos- paletadas de una presencia viva del poeta en su pueblo, en el LXXV aniversario del alistamiento del poeta oriolano en el Quinto Regimiento, el 23 de septiembre de 1936, y casi ocho años después de la celebración, también en el Ateneo madrileño, de un memorable homenaje a los coetáneos del oriolano, en el marco del II Congreso Internacional sobre su figura, promovido por nuestra Entidad, la Asociación de Amigos del poeta y otras instituciones.

La Fundación que lleva el nombre del poeta no podía permanecer ajena a la organización de esta memorable exposición y mostró desde el principio su propósito de colaboración entusiasta. Juan Ramón
Jiménez, frente a la ilusión de un grupo de jóvenes Oriolanos que pretendían impulsar la revista literaria
Silbo en la primavera de 1936, les respondió: “¿Y nos es nadie la ilusión?”. Por ello, con modestia, pero
también con una tremenda ilusión, apoyamos esta muestra de Eva Ruiz, artista ya reconocida y que, como
Miguel Hernández, sabe que en las manos del artista reside el mágico don de metamorfosear la cotidianeidad en belleza, aunque ésta Sea, en muchos lienzos de Eva Ruiz, invisibles a los ojos y que, por ello, sea preciso contemplarlos con la sensibilidad del corazón.

Juan José Sánchez Balaguer
Director de la Fundación Cultural Miguel Hernández

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Tauromaquia Teñida de Azul de PEPE ALEDO

Tauromaquia Teñida de Azul de PEPE ALEDO

La exposición Tauromaquia Teñida de Azul -Brindis a Antonio Sarabia “El Into”-, se inauguró el miercoles día 8 de junio a las 20 horas en la Sala de Exposiciones de la Fundación Miguel Hernández situada en el Rincón Hernandiano.

Organizada por la Fundación Cultural Miguel Hernández, la exposición se visitó hasta el día 10 de julio de 2011, y en ella José Aledo Sarabia, su autor, nos muestra un mundo taurino desde un punto de vista diferente, la tauromaquia pintada desde su pincel. Y con ello, esta exposición pretende hacer un tributo a la faceta taurina del poeta.

Sala de exposiciones de la Fundación Miguel Hernández.
Calle Miguel Hernández, 71
03300 Orihuela (Alicante).

Introducción del catálogo

UN GRANITO DE ALBERO PARA UNA HISTÓRICA CORRIDA

Poesía y tauromaquia han recorrido un largo e íntimo trayecto desde las primitivas civilizaciones en que el toro, el toro mitológico, era cantado por los más grandes poetas. Y así continuó siendo durante los siglos XIX y XX, con los escritores manifestándose en opiniones contradictorias, pero siempre candentes, sobre las corridas de toros.

Por eso, habría sido imperdonable olvido concluir los actos del oriolano más universal sin abordar de algún modo la faceta taurina del poeta.

No podíamos, no, amigo ‘Sesca’, condenarlo otra vez, esta vez, a la muerte por taurino. No, no podía concluir su cumpleaños sin que los que quisieran y pudieran dejaran algo dicho sobre ese mundo del toro que ocupa un lugar importante en la obra del poeta. Por eso –y porque actuar en compañía de buenas figuras hace más llevadero el compromiso- resulta más fácilmente aceptable esta hernandiana faena al alimón en que me veo envuelto.

Abre esta corrida al alediano modo su hermano Antonio con la sangre del
toro que el estoque hizo brotar con un golpe certero manchando de petróleo traicionero la chaquetilla azul de albaricoque. Antonio Gracia se planta con un soneto donde ha visto a Venus saltando los cuernos de la luna, mientras aparece Europa con aires de venganza. Pepe Rayos le pide al toro que no se arranque porque sólo lo salvará la mansedumbre, la quietud…la claridad. Se reserva Ruiz Cases la valiente defensa de Miguel y del toro al amparo del duelo al sol de la dehesa.

Anima Atanasio Díe para que se revuelva el toro y ataque con bravura contra todo y contra todos. Se cita José María Piñeiro en el ruedo dialéctico de una amistad imposible entre toro y caballo para terminar adentrándose en los ciclos y plazos de las estancias cósmicas. No podía tener el toro solo entre mansos mejor pinturero intérprete que Juan Bellod, de rojo y gualda, identidades firmes pervertidas.

Y se ocupa Muñoz Grau de horizontes, cielos, soles, dehesas y templos en redondel sin muerte.

Ramón Bascuñana, persona pacífica y bondadosa, dice bien cuando, a propósito de una magistral verónica, asegura que en los lances de amor contra natura siempre gana quien es menos sincero. Francisco José Blas no ve más que luto a la hora de la tarde, salvo que un loco muy cuerdo quijote concediera el indulto. El momento de la pose con floritura en la suerte de banderillas tiene el contrapunto de la advertencia de Manuel García Pérez: sabed que la luz es mortal, infinitamente mortal. A las cinco en punto de la muerte, una tarde de domingo de luces sin estrella, cita Javier Catalán al astado en el germen del esplendor de su leyenda.

Ada Soriano, a la intemperie dos lunas lo coronan, sitúa al toro abrazado al hombre, ocupando su espacio con la cabeza erguida y la mirada fija. Para Manuel Susarte, cuando el toro sale del toril y entra en el círculo empieza la batalla del sacrificio en la que el animal está listo para la estocada y el hombre para la cornada.

María Engracia Sigüenza, cansada de engaños y traiciones, invita al llanto del hijo humillado, porque a pesar de su bravura siempre será vencido. José Luis Zerón no tiene duda de que entre el dolor y el placer hay una estrecha frontera donde la luz pone vendas de ceniza en las heridas (porque entre el rojo y el oro se halla el ser y el fenecer). Para Fernando Sánchez no se doblega nadie puesto que bravura y valentía se reconocen en el mismo ruedo, se reconocen nada más mirarse. Y como la música no podía faltar en esta corrida, ahí está el pasodoble morisco para guitarra titulado ‘El Tío Into’, obra del maestro oriolano Andrés Martínez Carmona, ya que deben saber ustedes que esta alediana fiesta taurina es, al fin y al cabo, un brindis a Antonio Sarabia. Se lo merece, porque es abuelo de Pepe, pero también ya que –como Miguel- fue inocente y pasó por la cárcel.

Cierra plaza, cierra circo, Vicente Hernández que ve solo un mero espectáculo en la bestiaromaquia del surrealismo de Aledo.

Está uno aquí, en el ojo del huracán taurino, en la tormenta pro y contra la fiesta (espero salir ileso del trance, o que al menos lleguen a tiempo las asistencias) porque lo han sacado a los medios cuando menos lo esperaba. Y es que –estoy de acuerdo, amigo Juan- este apoderado y avezado cronista que es Pepe ‘Sesca’ ha montado, a cuenta del centenario y el abuelo ‘Into’, esta alediana corrida de postín en Orihuela. Y con el cartel hecho, me ha invitado a torear al alimón, para ver si se animaba la cuadrilla a ponerle todavía más celo a la cosa. A mi me hubiera gustado aportar más al espectáculo; ya se sabe, tres altos, dos naturales y uno de pecho, templar y mandar con el capote, recoger al morlaco con una buena verónica a lo Curro Romero y despedirlo con media para indicarle el viaje antes de clavarle una certera estocada que no le hiciera sufrir, sin olvidar alguna vistosa chicuelina, un volapié, una manoletina, un buen derechazo y hasta una gaonera, si me apuran. Pero me conformo, agradecido, con que me hayan incorporado a la cuadrilla para poner al menos un granito de albero en este espectáculo artístico que reúne el cartel más completo –unidos todos por afanes, sentires y amistades- que, hoy por hoy, podría componerse como homenaje al más universal de los oriolanos.

Si os parece, con la venia, es hora ya de hacer el despeje de plaza y, al segundo toque de clarín, iniciar el paseillo. Pero, antes, permitidme que os diga a quienes componéis el cartel que esta tarde habéis hecho historia, y os merecéis aquello de Miguel: “!A la gloria, a la gloria toreadores!”.

Juan José Sánchez Balaguer
Director de la Fundación Cultural Miguel Hernández

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Miguel, Luz y Sombra. INSTALACIÓN

Miguel, Luz y Sombra. INSTALACIÓN

La exposición se inauguró el miercoles día 13 de abril en la Sala de Exposiciones de la Fundación Miguel Hernández situada en el Rincón Hernandiano.

Organizada por la Fundación Cultural Miguel Hernández, la exposición se visitó hasta el día 22 de mayo de 2011, y en ella María Dolores Mulá, su autora, sirviéndose de variadas técnicas, nos sumergía en el mundo poético hernandiano que nos transmite: el dolor, la soledad, el desaliento, la muerte… toda la tragedia que Miguel nos deja en sus versos, y lo hace con el mismo grado de intimismo y con el mismo espíritu de sencillez con la que lo hizo el poeta. Los poemas son para la pintora: hojas, lunas, tierra, ruedas, líneas
eléctricas, cartas, abrazos, y un sin fin de elementos que ella manipula y recrea de acuerdo con las sensaciones que la lectura de los versos de Miguel le comunican.

Sala de exposiciones de la Fundación Miguel Hernández.
Calle Miguel Hernández, 71
03300 Orihuela (Alicante).

Introducción del catálogo

Transparencia de Miguel

Dentro del Año Hernandiano, conmemorativo del centenario del nacimiento del poeta de Orihuela, hemos tenido ocasión de disfrutar de numerosas exposiciones en las que diferentes artistas plásticos han querido rendirle homenaje desde la sala que lleva su nombre. Sería injusto citar a alguien y dejarse a otros, como sería erróneo comparar los estilos, las tendencias y las disciplinas empleadas para interpretar y reinterpretar, a través de sus trabajos, la fecunda obra de Miguel: la figuración, la abstracción, el simbolismo, la alegoría… La fotografía, la escultura, el grabado, la pintura, el dibujo, hasta la oscuridad y los olores, han permitido a mujeres y hombres expresar su capacidad creativa para hacernos presentes las pulsaciones del poeta y mantener vivo su aliento
creador. Y, regresando siempre a su huerto y a su higuera, a la acogedora sombra que proyecta en su sala, para expandir el arte a los vientos del pueblo,
como querría Miguel.

Y su presencia, como su rayo, no ha cesado. Luces y sombras, naturaleza y guerra, presencias y ausencias, viajes y regresos, vida y muerte… pero amor: amor en todo encuentra Mª Dolores Mulá cuando se sumerge en la intimidad de Miguel, cuando se colma del universo hernandiano y lo esparce suavemente entre sus propias obras, permitiendo que nos impregne hasta lo profundo. Pulsa entonces la vibración del espectador y estimula el deseo de leer los versos para buscar nuevas cadencias. Porque la propuesta que nos sugiere la artista es un viaje de ida y vuelta, un círculo mágico que surge de la palabra poética y se cierra en sus creaciones. Y vuelta a empezar: el espectador siente la necesidad de encontrar entre los ritmos escritos las melodías que inspiran la obra plástica que tiene ante sus ojos.

Miguel Luz y Sombra es una instalación que debe verse y sentirse -a veces escucharse desde el latido interior- como una composición musical en la que
las notas son las luces, los colores, los hilos, las pinturas, los papeles, la tierra, el agua, las sombras… instrumentos afinados para sonar como pálpitos vitales. Lírica visual repartida por la sala para que cada cual descubra su personal “tempo” poético.

Mª Dolores Mulá no ha copiado poemas en su obra; no ha traducido los textos a lenguaje plástico; no ha dejado constancia histórica de los hitos vitales
del escritor. Tras un cariñoso acercamiento a la esencias hernandianas –su azarosa vida, sus contradicciones, los espacios habitados, su particular obra poética-, nos devuelve unas inmensas metáforas plásticas. Construye una delicada instalación transparente, en la que las obras quedan como suspendidas, como
iluminadas por la blanca luz de la luna, formando un delicado poema armónico en sintonía con Miguel Hernández.

Víctor Sánchez Balaguer
Sala de Exposiciones
Fundación Cultural Miguel Hernández

La poesía ha sido siempre un género literario reservado a un reducto de intelectuales muy selecto y elitista. No ha sido un género que haya llegado con facilidad a las masas cultivadas y mucho menos al pueblo llano, por eso hay que agradecer, ¡y de qué manera!, a esa generación de “facedores” de música y a ese fenómeno cultural que surgió en los años 70 del pasado siglo, y que conocemos como: cantautores, poesía musicada y canci …ón protesta, porque esos músicos-poetas fueron los que llevaron la poesía al pueblo, los que cantaron desde San Juan de la Cruz o Quevedo hasta León Felipe o Miguel Hernández. Así fue como una manifestación artística, la música, se enriqueció con la palabra hecha poesía y ambas disciplinas llegaron a las mentes y al corazón de cualquier clase social. Pocas son las personas que, en este país, desconocen hoy “Las Nanas de la Cebolla” que Alberto Cortéz musicó y que Serrat cantó.

La muestra que María Dolores Mulá nos ofrece, nos ha traído a la memoria la reflexión anteriormente expuesta. En su obra, ella va a dejar deslizar por
planos, espacios y colores el alma de un poeta que murió en la soledad y el olvido de una celda alicantina, consiguiendo así la simbiosis de dos manifestaciones artísticas en este caso: la poesía y la pintura. Y es que a María Dolores le gusta pintar la poesía. Lo hizo por primera vez en el año 1984 llevando a sus lienzos la tragedia de los versos de la poetisa argentina del postmodernismo, Alfonsina Storni; posteriormente, en 1992, fueron los azules de “las paletas celestes” o “el blanco como la cal al sol” de los poemas que Rafael Alberti nos dejó en su libro A la pintura. En la presente exposición,
sirviéndose de variadas técnicas, se sumerge en el mundo poético
hernandiano y nos transmite: el dolor, la soledad, el desaliento, la muerte… toda la tragedia que Miguel nos deja en sus versos, y lo hace con el mismo grado de intimismo y con el mismo espíritu de sencillez con la que lo hizo el poeta. Los poemas son para la pintora: hojas, lunas, tierra, ruedas, líneas
eléctricas, cartas, abrazos, y un sin fin de elementos que ella manipula y recrea de acuerdo con las sensaciones que la lectura de los versos de Miguel le comunican.

En esta exposición lo que vamos a contemplar son elementos plásticos que describen celosamente el sentir de los versos hernandianos. Tanto la abstracción creativa como los materiales utilizados están pensados para revelar las experiencias, las emociones y los sentimientos que estremecieron
el alma de Miguel Hernández. Es esta una muestra sencilla, sin pretensiones ni alardes de espectacularidad, la artista no ha pretendido destacar su labor
creativa, sino exaltar el alma y la conciencia que ese llano poeta del pueblo nos legó en su obra.

Catálogo de la Exposición “Miguel, Luz y Sombra”

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1910-2010 Miguel Hernández

1910-2010 Miguel Hernández

La exposición 1910-2010 Miguel Hernández se inauguró el jueves día 3 de marzo en la Sala de exposiciones CAM de Orihuela. Organizada por la Fundación Miguel Hernández, la Comisión Cívica de Alicante para la Recuperación de la Memoria Histórica, en colaboración con la Obra Cultural de la CAM.

La exposición pudo visitarse hasta el 1 de abril de 2011 y en ella se expusieron las obras de buena parte de los artistas que desde un primer momento expresaron en sus obras su admiración por Miguel Hernández y que así lo dejaron plasmado en sus trabajos.

La exposición tiene como motivo central la figura y obra de Miguel Hernández en torno a la cual se han realizado por todo el territorio nacional durante el último año muchos de los homenajes pictoricos.

Sala de exposiciones CAM de Orihuela.
Plaza de Europa s/n.
03300 Orihuela (Alicante).

Introducción del catálogo

Un poeta necesario también para los artistas

Cuando hablamos de Miguel Hernández, es lugar común destacar su obra poética, obviando o escamoteando el resto de producción literaria (cartas, teatro, prosas, cuentos, artículos, reseñas, etc.), en algo tan típicamente español como es el encasillamiento. Sin embargo, contra lo que pueda parecer, el universal oriolano no se ponía límites. Parece, más bien, que somos nosotros los que se lo ponemos.

La época que le tocó en suerte vivir, recordémosla, es la de la decadencia de las vanguardias históricas y la irrupción, sin embargo, de la edad de plata del arte genuinamente español, que rehuía el parentesco con el francés y, por el contrario, reforzaba los lazos ancestrales con el primitivismo castizo en el que el lirismo cobra un protagonismo inusual; de ahí el papel fundamental del paisaje castellano, pero sin reminiscencias noventayochistas. Se diluye la frontera entre pintura y literatura. Por ello, Miguel Hernández encontrará una fructífera inspiración en paisajes vallecanos y en conversaciones con sus amigos. Pero antes de su experiencia madrileña ya destacaba su afición por la fotografía, por el arte (recordemos su amistad con su paisano, el pintor Francisco de Díe), se recreaba en los dibujos que impenitentemente acompañan algunas de sus cartas (incluso las escritas en la cárcel), y su preocupación por un arte que no escamoteara la realidad, pero siempre brindando y asegurando al artista la suficiente autonomía en el ejercicio de su profesión con respecto a la ideología. Arte militante, sí, pero también responsable y sin ser propagandista. Eso suscribió Miguel Hernández, con otros compañeros de viaje, en la “Ponencia colectiva”, durante el II Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la República, celebrado en el verano de 1937. Y eso debió chocar con los ortodoxos, con quienes no ven más allá de sus prejuicios.

Y los artistas han sabido, desde 1942, homenajear a Miguel Hernández con sus dibujos, desde Antonio Buero Vallejo hasta otros muchos, y han sabido recrear también la figura de quien no dejó de cantar las grandes pasiones y desgracias de su pueblo. El gran valor icónico del escritor oriolano y de quienes con su trabajo (Equipo Crónica o Estampa Popular, por ejemplo) se han identificado con el símbolo hernandiano de resistencia y esperanza ha hecho el resto. Y también una mayor sensibilidad de los españoles hacia el arte y sus variantes. Por eso no debe extrañarnos que durante 2010 hayan proliferado los homenajes pictóricos a Miguel Hernández (Zaragoza, Sevilla, Islas Canarias…). Ya en octubre de 2003, con motivo del inicio del II Congreso Internacional dedicado al poeta, la Sala de nuestra Entidad se inauguró con una muestra colectiva de artistas de la Comarca de la Vega Baja: 36 hombres y mujeres que quisieron actualizar el homenaje del año 1992 y la exposición “50 x 50”. Y es que en lo colectivo radica lo mejor de nuestro pueblo.

Seguimos la senda trazada en 2003 y ahora presentamos esta muestra, todavía en el Año Hernandiano, cuando los focos informativos han decaído pero no nuestro compromiso con quien sigue siendo necesario, porque supo y quiso señalarnos el camino que conduce a una estrella, y con ello embellecer el mundo en que habitamos, solidariamente compartido.

Aitor L. Larrabide
Fundación Cultural Miguel Hernández

Exposición homenaje a Miguel Hernández con motivo del primer centenario de su nacimiento

La vinculación de Miguel Hernández con las artes plásticas está presente desde los inicios de su corta pero fecunda y exitosa trayectoria.
Ya en la presentación de “Elegía media del toro” en 1933, en la Universidad Popular de Cartagena, Miguel Hernández utilizó un cartelón pintado por su amigo Francisco de Díe y, ya en el final de su vida, procuró las ilustraciones de Eusebio Pérez de Oca que tan trascendental papel jugaron en el volumen titulado Dos cuentos para Manolillo para cuando sepa leer, pasando por las imágenes de Tina Modotti y del fotógrafo Tréllez que han de ser entendidas como un todo inseparable con el texto que constituye la primera edición de Viento del pueblo, sin que podamos olvidar que también el poeta se sintió atraído por la creación pictórica como se constata en los dibujos de Miguel ya publicados y expuestos.
A la indubitable realidad de la atracción de Miguel Hernández por las imágenes plásticas que posibilitasen o complementasen la expresión artística y a su inconmensurable significación social y popular, en la que juega un papel muy significativo su ejemplar conducta y su martirio, no podían permanecer ajenos los actuales artistas. Su respuesta ha sido, desde que el silencio impuesto por la insensible dictadura franquista se quebró, multitudinaria y entusiástica, ya desde el Homenaje de los Pueblos de España, en mayo de 1976, que se impuso a la dubitativa actuación de las autoridades, cuya postura oscilaba entre la prohibición y la autorización a regañadientes y llena de prejuicios. Los artistas plásticos tuvieron en estos actos una decisiva importancia, dejando su impronta y su generosa aportación en las legendarias pinturas realizadas sobre las paredes del barrio de San Isidro de Orihuela, constituyendo durante muchos años la más clara expresión del aprecio y la valoración de los pintores que las realizaron y de los propietarios y habitantes de las casas que decoraron y con todo el cariño las conservaron.

Por otra parte, desde la constitución en 1986 de la Asociación de Estudios Miguel Hernández, empeño y obra casi personal de nuestro compañero, ya fallecido, Julián Antonio Ramírez, los artistas plásticos han sido uno de sus componentes más activos, protagonizando junto a la Comisión Organizadora del Homenaje del Cincuentenario, con motivo de cumplirse medio siglo de su inicua muerte, la exposición 50 x 50, que, en 1992, se realizó en el Museo de Arte Contemporáneo de Elche, coincidiendo con las sesiones del Primer Congreso Internacional sobre Miguel Hernández. Los fondos de dicha muestra serán la base del futuro museo dedicado al poeta.

En el año que acaba de finalizar, el grupo en el que continúan presentes una buena parte de los artistas que desde el primer momento expresaron en sus obras su admiración por Miguel Hernández, tuvo la intención de realizar una muestra de sus creaciones que fuese su aportación al evento y en la que rememorásemos nuestra celebrada muestra 50 x 50. Imponderables nos han impedido realizar nuestro propósito, a pesar de que antes de finalizar el año 2010 ya teníamos en nuestro poder la totalidad de las obras que ahora exponemos.

Por fin, y recordando que nunca es tarde si la dicha, o las obras son buenas, y si el objetivo es tan noble y digno de toda alabanza como en este caso, para homenajear y evocar a un poeta tan amante de las artes plásticas y de vida tan recta y esforzada como Miguel Hernández, el día 3 de marzo de 2011 –finalizando el Año Hernandiano-, en la sala de exposiciones CAM de Orihuela inauguramos la exposición.

Comisión Cívica de Alicante para la Recuperación
de la Memoria Histórica

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Monumento a Miguel Hernández

Monumento a Miguel Hernández

En la exposición MONUMENTO A MIGUEL HERNÁNDEZ se expusieron las obras de diferentes artistas y se inauguró el viernes día 4 de marzo en la Sala de exposiciones de la Fundación Miguel Hernández. La organizó la Fundación Cultural Miguel Hernández.

La exposición puedo visitarse desde el 4 de marzo hasta el 3 de abril y en ella se podían contemplar algunas de las mejores obras realizadas para participar en el concurso como monumento homenaje al poeta.

Durante el pasado año 2010 se han celebrado en todo el mundo multitud de actos conmemorativos del centenario del nacimiento de Miguel Hernández, ejemplo y lección de escritor comprometido con su obra y también con su tiempo: un poeta necesario. Sin embargo, es en la entraña más íntima, en su pueblo, donde los actos han dejado una huella imborrable. Hemos vuelto a Miguel Hernández, se ha recobrado el espíritu participativo, colectivo, de otros homenajes anteriores. Y entre todos lo hemos situado en el siglo XXI, sin perder la esencia que lo convierte en uno de los poetas más grandes, porque cantó las esperanzas de todo un pueblo. Y es que pese a los lugares comunes, a los tópicos, tan manoseados, lo universal nace de lo local.

En octubre de 1932 se erigió un busto a Gabriel Miró, único vestigio monumental de la época relacionado con nuestro poeta. Y con el esfuerzo de un grupo de jóvenes amantes de la escritura que tenían como mentor literario al novelista, con su arriesgada apuesta de resaltar el espíritu mironiano (la Fortuna ayuda a los audaces), nos recuerda que antes de nosotros, en los años 30, un grupo de ilusionados jóvenes lucharon
contra la apatía general y fueron capaces de lograr eternizar en la Glorieta el espíritu melancólico y moderno de Gabriel Miró. Al igual que entonces, se ha conseguido que la poesía, la cultura en general, tengan su acomodo en nuestra ciudad. Y es que en tiempos de zozobra, de crisis en general, necesitamos esperanza,
y la cultura, el diálogo, el trabajo colectivo es, finalmente, lo que nos hará más fuertes.

Por todo ello, cuando el Ateneo Socio-Cultural Viento del Pueblo, entidad con la que llevamos colaborando desde hace años en la difusion de la figura de Miguel Hernández, nos adelantó su propósito de erigir un monumento al poeta, aceptamos con entusiasmo el reto de conseguir sacar adelante el proyecto, siempre
estimulando la participación, y con el apoyo del Ayuntamiento de Orihuela.

A partir de ahora, cuando nos traslademos en tren hacia Alicante o a Murcia, la figura de nuestro paisano universal nos recordará que cuando se persigue un sueño, cuando se es fiel al canto del pueblo y al viento de nuestra sierra, no hay nada imposible. Y que el viaje, conocer otras realidades, personas, experiencias…, nos
ayudará todo ello a querer más a nuestro pueblo, sin chovinismos ni falsos patriotismos locales, sin mirarnos al ombligo, pero más de verdad y hondamente. Como hizo Miguel Hernández en circunstancias más difíciles.

Sala de exposiciones de la Fundación Miguel Hernández.
Calle Miguel Hernández, 71
03300 Orihuela (Alicante).

Introducción:

Como colofón a un año 2010 pleno de actividades, el Ateneo socio cultural “Viento del Pueblo” de Orihuela, convocó la realización de un concurso de escultura como homenaje a Miguel Hernández. Este concurso se rigió por un proceso abierto y participativo en el que podía concurrir cualquier artista interesado en este proyecto. La propia naturaleza del proyecto llevaba implícito este carácter democrático y no sujeto a una designación preconcebida.

Más de medio centenar de propuestas concurrieron a este certamen, atendiendo a diferentes técnicas y recursos expresivos. El Ateneo Viento del Pueblo jamás podrá agradecer lo suficiente la generosidad y participación de los autores procedentes de los diferentes puntos de España y más allá, pues se recibieron propuestas de Ucrania, Holanda o Italia entre otras.

Del mismo modo, agradecer al Ministerio de la Presidencia, la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela y el Excmo. Ayuntamiento de Orihuela, su colaboración y apoyo a esta iniciativa.

Este monumento viene a dotar de visibilidad a nuestro poeta en la ciudad que lo vio nacer hace cien años, pues apenas existen dos bustos de Miguel Hernández de mero trámite.

El monumento promovido por el Ateneo Viento del pueblo viene a recoger el testigo del monumento a Gabriel Miró situado en la Glorieta homónima, el único testigo de la época de Miguel Hernández.

Si ese monumento fue promovido en 1932 por unos entusiastas que pedían visibilidad y reconocimiento público a su padre literario; el monumento a Miguel Hernández responde a similares intenciones que las de entonces. Dos monumentos erigidos gracias al esfuerzo de una serie de personas que no se resignan a que sus homenajeados sean unos fugitivos o proscritos en su propia ciudad.

Este monumento, supone un punto de encuentro, un lugar dedicado a la lectura y al recuerdo. La presencia visual de nuestro poeta en nuestra ciudad, porque ya es hora, tenemos ganas de que Orihuela rezume a Miguel Hernández por sus poros.

Como la fotografía, una escultura funciona como un hito visual de la memoria, la materialización de un pensamiento que es evocado. La imagen nos ayuda a orientarnos, como la escritura. Es una atalaya desde la cual podemos alcanzar significados y conceptos.

Necesitamos mojones visuales que alberguen la presencia de una ausencia. El monumento intenta dar respuesta a ésto.

Miguel Hernández, en la alocución a Ramón Sijé que leyó en la inauguración de la plaza que llevaba su nombre (hoy Plaza Marqués de Rafal), finalizaba su discurso diciendo: Todos los homenajes que le hagamos se los merece. Procuremos que éstos resulten lo más duraderos y de verdad y lo menos teatrales y de relumbrón
posible.

Estas palabras han sido grabadas a fuego desde la creación del Ateneo Viento del Pueblo, de modo que en las actividades que hemos realizado en torno a Miguel Hernández, hemos intentado huir de la cultura-espectáculo y de los actos vacíos de contenido que sólo pretenden ser un número más.

Por el contrario, nuestra labor se ha caracterizado por la continuidad frente a la efeméride, la sinceridad frente a la pose. Por eso no hemos querido embalsamar ni hacer de Miguel Hernández un espectáculo pirotécnico, sino hacerlo presente, mantener vigente su legado: su compromiso social y cultural con el Pueblo.

Ateneo Socio-Cultural
“Viento del Pueblo”

Obras expuestas:

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San Miguel Hernández y otros Apóstoles

San Miguel Hernández y otros Apóstoles

La exposición San Miguel Hernández y otros Apóstoles del pintor Simeón Peña Castilla “MALATESTA“, natural de Hinojales (Huelva), se inaugura el miercoles día 19 de enero en la Sala de exposiciones de la Fundación Miguel Hernández. La organiza la Fundación Cultural Miguel Hernández.

La exposición puede visitarse hasta el 20 de febrero y en ella pueden contemplarse entre otras algunas de sus mejores obras, trabajos realizados como homenaje al poeta y su obra en el centenario de su nacimiento, pero desde la perspectiva global y universal del Tact-Art, a la vez que reconocimento a todos los apóstoles, conocidos o anónimos, que difunden su palabra y obra.

El 27 de diciembre de 1948 nace en Hinojales (Huelva) Simeón Peña Castilla, MALATESTA, bajo el signo de la emigración. Una emigración que lo llevaría a Madrid(1962) como primer estadio de una byroniana peregrinación que lo terminaría convirtiendo en ese viajante que a él tanto le gusta nombrar.

En 1969 lo vemos en Francia; más concretamente en Albi, ciudad en la que su espíritu autodidacta absorbe el color de los viejos impresionistas y bajo su mano empiezan a definirse unas formas provenientes de la luz de su Andalucía natal y de la maravillosa mezcolanza del Rastro madrileño.

En Barcelona, un año más tarde, se convierte en asiduo participante en los círculos intelectuales del momento y florece en él esa preocupación que, desde su niñez onubense, tanto le obsesionó: la problemática social, ahora removida bajo los ecos del “Mayo francés”. A partir de este momento, su vida y su obra estarán regidas por este leit-motiv.

Hasta 1978, los viajes a París y Albi son constantes, así como a Holanda, Bélgica, Italia, Yugoslavia, Austria e Inglaterra. Son años de ansiedad cultural, de inconformismo social, de búsqueda de horizontes y de rebelión creadora. Así en sus primeras exposiciones (1971, Taller Picasso en Barcelona, invitado de Lluis Claramunt; 1972, Centro Social Singuerlin; 1976, Colectiva Mass Media en Barcelona; 1977, Colectiva Ateneo Literario; 1978, Exposición Mass Media), vemos el reflejo de esas sensaciones e ideas que había ido recolectando por toda Europa; esa preocupada solidaridad social, busca inmortalizar con sus manos colores, sensaciones y momentos vividos, destacando la tensión y desigualdad existentes. Su obra es la búsqueda de la esencia que determina la imagen de esa lucha por la vida, de esa lucha por la igualdad total.

En 1978 vuelve a Hinojales con su hatillo repleto de imágenes conmovedoras y de inquietudes ávidas de ser resueltas. Su creatividad se sigue centrando en los motivos sociales y en esa búsqueda de la ansiada igualdad social. Ahora las exposiciones se sucederán por Sevilla, Huelva, Fregenal de la Sierra, Cumbres Mayores y Móstoles, principalmente.

A partir de 1980, comienza su etapa de madurez y de rompimiento que culminará con el nacimiento de TACT-ART. Bajo este signo, Malatesta empezará a ver culminadas sus obsesiones. Mientras, viaja a Marruecos (con evidentes influencias posteriores) y a Grecia, casi una visita obligada.

Este rompimiento del que hablábamos culmina con la Exposición antológica 25 Años de Pintura (Huelva) en 1991. Un año más tarde, en la Exposición Villa de Móstoles, aparecerá la primera obra de TACT-ART (Mujer en Fiesta), que dará inicio a un lustro plagado de incontables acontecimientos y emociones.

Desde que en 1992 aparece el Primer Manifiesto de TACT-ART, vemos que MALATESTA ha encontrado la vía de salida a sus ancestrales inquietudes. Sus preocupaciones pasan de manifestarse de un plano terrenal a uno universal, creando todo un lenguaje en el que los conceptos ancestrales conforman el cuerpo de las obras. La igualdad humana la confirma Malatesta en su nuevo Universo creado, en ese orbe en el que el ser humano se convierte en eje motriz y todas las barreras se difuminan.

Sevilla en 1992 sería la primera ciudad que acogería una íntegra exposición de TACT-ART. De allí pasaría multitudinaria y elogiosamente por Barcelona (1992), Santander (1993), Madrid (1993), y Bilbao (1994).

En 1995 recibe el Premio Eureka en Luxemburgo, aparece el Segundo Manifiesto TACT-ART, donde se confirma su universalidad. Un año más tarde, Malatesta viajará a Philadelphia (EE.UU) con motivo de un nuevo premio, expone en Huelva lo que hasta ahora ha sido la última manifestación de TACT-ART, que hemos tenido el gusto de presenciar y en la que Malatesta a continuado innovando sus forma y esquemas.

Sala de exposiciones de la Fundación Miguel Hernández.
Calle Miguel Hernández, 71
03300 Orihuela (Alicante).

Introducción:

En 1996 se empezó a trabajar la trilogía:

* 1997, Encuentro con Juan Ramón Jiménez “la eternidad y la belleza”.

* 2004, El Color de la Memoria “homenaje a la cultura de la república”.

* 2006, San Miguel Hernández y otros apóstoles “la poesía y los sentidos”.

San Miguel Hernández y otros Apóstoles

Es un proyecto donde planteamos un homenaje a la poesía de Miguel Hernández basándonos en los diez poemas musicados por Joan Manuel Serrat. Cada uno de estos poemas está representado por una obra visual y táctil.

La exposición se plantea con dos espacios bien diferenciados:

1. Sala de tact-art donde se plantea la muerte del poeta y el paso a la eternidad. Es una sala totalmente a oscuras donde sus visitantes percibirán sus contenidos a través del tacto y el oído, estos contenidos no se explican para que sean descubiertos por los propios visitantes. Si bien dentro de la sala encontraran dos propuestas, una la muerte y otra el paso a la eternidad accediendo a la luz y la música.

2. Sala iluminada, se accede a esta a través de la anterior. Las diez obras propuestas están dedicadas a los poemas de Miguel Hernández que son los siguientes:

Obras expuestas:

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El amor que no cesa

El amor que no cesa

La exposición El amor que no cesade la pintora oriolana Eva Ruiz se inauguró el jueves día 18 de noviembre en la Sala de exposiciones CAM de Orihuela. Fue organizada por la Fundación Miguel Hernández en colaboración con la Obra Cultural de la CAM.

La exposición pudo visitarse hasta el 23 de diciembre y en ella pudieron contemplarse entre otras algunas de sus mejores obras, trabajos realizados en pinturas al óleo, entre los que se encuentran retratos de Miguel Hernández y paisajes relacionados con su vida, el mundo que rodeaba y amaba el artista, lugares, objetos y personas.

La exposición tiene como motivo central el paisaje interior y el exterior del universal poeta oriolano, los lugares más íntimos de su casa, la tierra que lo vio crecer, los espacios más vinculados con su infancia y las personas que lo quisieron. Las imágenes van acompañadas de poemas hernandianos que ofrecen un complemento al espacio pictórico.

Eva Ruiz, pintora oriolana, ha expuesto en numerosos lugares, desde su ciudad natal, en 1984 y 1985 en homenaje a Miguel Hernández, Bigastro, Redován, Murcia, Mazarrón, etc. Ha obtenido asimismo premios en Hellín, Alicante, etc.

Sala de exposiciones CAM de Orihuela.
Plaza de Europa s/n.
03300 Orihuela (Alicante).

Introducción del catálogo

En la intimidad de la pintura, Miguel Hernández como poeta de y en Orihuela se hace visible como si fuera la primera vez que lo viéramos. Soslayando aspectos mas conocidos de la vida del artista, el dramático final o los tópicos como el tan gastado del poeta-pastor junto al no menos convencional del poeta revolucionario, la pintora Eva Ruiz, ella también oriolana, ha abordado, por el contrario, el mundo que rodeaba y amaba el artista, lugares, objetos y personas, de ahí el nombre de la exposición
El amor que no cesa que altera, significativamente, el titulo de uno de los poemarios más conocidos de Miguel Hernández. El amor y no el rayo, la atmosfera de afecto que todo lo envuelve y no el golpe deslumbrante sobre la conciencia como hilo conductor de esta obra. Una exposición que ofrece el cuerpo de la palabra en la pintura, aproximándose no al hombre de acción sino al que desde la soledad recibe, se hace participe del tiempo ancestral depositado en la tierra y en la casa de la infancia. La exposición de Eva Ruiz habla, precisamente, del color convertido en suelo y luz de Orihuela. Porque la pintura tiene ese privilegio, el de ser tierra además de pigmento y precisamente por ello, convertirse en germinación de una voz y una mirada, la de la poesía de Miguel Hernández, que todavía se escucha en estas estancias de una casa habitada y, ahora, ausente.

No se trata, por tanto, de una traslación, de un intento de ilustrar las imágenes que la palabra del poeta convoca sino de establecer un dialogo entre una y otra, entre poesía y pintura, haciendo visible la atmósfera que rodeo a Miguel Hernández, el mundo que siempre le acompaño, como una piel protectora, allá donde fuere. Por esta razón se muestra junto a las pinturas una selección de poemas, actuando una y otra como ecos y reflejos de una manera de sentir y mirar, jamás como espejos. La palabra y la imagen como una bisagra que abre y cierra al mismo tiempo el espacio poético y la pintura. Eva Ruiz nos entrega otra visión, aquello que, literalmente, el poeta miraba. El paisaje interior y exterior de Miguel Hernández, por tanto, como un acto de amor continuado, repetitivo, infinito hacia las gentes y el lugar, pero también hacia la casa, muebles y objetos, de esa primera casa que siempre nos acompaña pues como recuerda Gastón Bachelard, cuando se sueña en la casa natal en la profundidad extrema del ensueño, se participa de este calor primero, de esta materia bien templada del paraíso material. La casa propia y el paisaje, espacios de cobijo de la palabra poética visibles en la pintura de Eva Ruiz.

Esta exposición trata, en definitiva, de los recintos de Miguel Hernández, la casa y la tierra, la raíz, el lugar inicial del acto poético tejido con el cuerpo del propio poeta y el de aquellos a los que amó, su mujer y su hijo, su familia que aparecen, precisamente, en esta exposición como figuras en blanco y negro como si la carne de óleo se hubiera impregnado en las sombras de la ausencia, en realidad, las ausencias.

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Exposición de Pinturas y Grabados de Francisco Álvarez

Exposición de Pinturas y Grabados de Francisco Álvarez

La exposición F.ALVAREZ del pintor madrileño Francisco Álvarez se inauguró el viernes día 12 de noviembre en la Sala de exposiciones de la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela. Fue organizada por la Fundación Miguel Hernández.

La exposición pudo visitarse hasta el 19 de diciembre y en ella pudieron contemplarse algunas de sus mejores obras, trabajos realizados en pintura y grabados, entre los que se encuentran tres grabados dedicados a Miguel Hernández.

Francisco Álvarez ha participado en numerosas exposiciones de pintura, dibujo y grabado en Madrid, Barcelona, Ibiza, París, Londres, Milán, Florencia, Venecia, Roma, Rimini, Bahía, Munich, Nueva York, Dinamarca…

Centro:
Horario: De martes a sábados de 10 a 14 y de 17 a 20 horas. Domingos y festivos de 10 a 14 horas. Lunes, cerrado.

Sala de exposiciones de la Fundación Miguel Hernández.
Calle Miguel Hernández, 71
03300 Orihuela (Alicante).

Textos del catálogo

Con la distancia de 20 años, vuelvo a encontrarme con la pintura de Francisco Álvarez que, después de un período tan largo, provoca necesariamente un contraste entre el recuerdo de lo que se ha visto y la consciencia de lo que se ve o induce a subrayar el camino que ha recorrido el gran artista madrileño, hoy entre los más importantes de la escuela figurativa española. Entonces era importante para Álvarez la fuerte carga social que componía su pintura y, sobretodo, su obra gráfica tenía ya bien claros dos puntos: uno referido a la metodología de el hacer arte, otro a su estatuto moral.

En cuanto al primer punto Álvarez (Madrid, 1936) escribió: “Mirar no es ver; del mismo modo que oir no es escuchar. Mirar es penetrar, leer dentro -inteligere-, cuestión de la inteligencia. Penetrar la acción, la historia hasta encontrar la naturaleza de las cosas. La pintura no es un arte visual. Si lo fuera, o si no fuera más que eso, se detendría en la apariencia superficial de las cosas. Pintar es “ver reflexivamente”, esto es: mirar. Si esta era la actitud personal de Álvarez en lo referente a pintar, entonces resultaba obvio también el rumbo al que tal metodología del hacer (que lógicamente presuponía la del pensar y del ser) se dirigía: la dramática situación existencial del hombre, su casi natural vocación, o más bien condena, al sufrimiento, y al alejamiento de una naturaleza convertida en víctima y causa en parte del malestar. Como consecuencia nace una pintura de fuerte compromiso social que, al hacerse manifiesto de los sujetos débiles, reclamaba no tanto una tradición culta, de la que el artista también es heredero, si no una representación popular, un tono en desuso que señalaba a la esencialidad de la visión, contribuyendo a ello también su gran experiencia gráfica. En sus trabajos representó segadores, campesinos, espigadores, hombres abatidos por la desesperación, mujeres en una dolorosa espera. Figuras que se proyectan, elaboradas con un acentuado esquematismo escénico, ambientadas en una naturaleza inhóspita, y obtenida no mediante la perspectiva, pero casi por amontonamiento de imágenes.

Rememorar al Álvarez de antaño, frente a las pinturas actuales, es como sacar de un cajón una fotografía del pasado y compararla con la imagen que ahora nos ofrece el espejo del presente. Admito no haber seguido las etapas sucesivas del artista, pero justo esta confesada carencia, me predispone hoy a llevar a cabo el contraste, dándome la oportunidad de percibir lo que ha quedado y lo que ha cambiado, por así decirlo, de comparar la foto y el espejo. El cual, devolviéndonos la imagen de lo que actualmente somos, es por naturaleza capaz de decir la verdad, pero también de mentir, porque nada nos cuenta de cómo, día a día, nos vamos alterando. La foto, en cambio, fijando para siempre, y por lo tanto excluyéndose del tiempo, un determinado momento nos permite no solo reconocer como éramos, también nos permite apreciar la evolución en su totalidad. He aquí el porque al mirar el Álvarez de ayer y el de hoy querría transformar la confrontación no entre una foto (esclava de la memoria) y un espejo (siervo de la vista), pero entre dos fotos, una de un tiempo pasado, y puede que deteriorada por los recuerdos que se esfuman, la otra del presente que empuja con todo su urgente esplendor. Y si entonces es evidente que el tiempo ha transcurrido cambiando junto al arte de Álvarez también al artista, es fácil reconocer en las pinturas de hoy la huella de las de ayer. Puede que Álvarez haya perdido aquella necesidad social que lo incitaba a pintar y denunciar el malestar de vivir, pero de ningún modo ha perdido sus inagotables ganas de ver y no solo mirar, es decir de penetrar en el fondo de las cosas para comprender su sentido.

Se advierte ahora como una reconciliación ya concluida de la pintura que ha abandonado los tonos ásperos y la crudeza para ofrecerse como estatuto de algo que es substraído al tiempo de la lucha y más bien entregado a la eternidad. No es fácil, de hecho, establecer por que haya ocurrido esto, pudiéndose atribuir el cambio a dos causas opuestas: a la resignación doliente, que trae consigo también la evidencia de la inutilidad del conflicto o a la esperanza predominante de un nuevo equilibrio que aquel conflicto ha vuelto vana. Y no siendo posible encontrar aquí una respuesta, creo que debería ser buscada no solo en la plena madurez del artista, mas sobretodo en la predecible victoria de la pintura sobre el propio hacer pintura o, bajo otros aspectos, del eterno sobre el momento.

Los cuadros recientes se ofrecen como testimonio del permanecer de la gran tradición figurativa y de esa española en particular que sin embargo es absorbida por Álvarez en clave absolutamente moderna, siendo capaz el artista de observar y nutrirse de experiencias que también en otros sectores han ido madurando. Justo desde este punto de vista vería, de hecho, aquel grupo de obras en las cuales el tema central, aunque bajo diferentes formas, es el del “muro”. Hay un cuadro que, en este sentido, me resulta verdaderamente ejemplar: aquel en que el artista, sobre un fondo gris arenoso, deposita una especie de quiosco abstracto de un suntuoso azul Kleiniano, dentro del cual se agitan vibraciones de color, sutiles bordados de arabescos que dan vida a una refinada red de sensaciones visuales.

Puede parecer extraño hablando de un artista que ciertamente no renuncia a la imagen, que yo escoja aquel que es su cuadro más abstracto, la imagen tomada en consideración sin hacer alusión justo a la nada fuera de sí misma. Pero comprendiendo precisamente la extraordinaria fuerza pictórica de esta pintura, de sus motivaciones y de su ejecución, es posible percatarse de cual es la actitud mental del artista. Su ojo tranquilo y reflexivo, y su incansable voluntad de entender, lo llevan a indagar dentro de la conciencia y en la realidad que lo rodea. Se trata de dos fuentes aparentemente en contraste: la primera caracterizada por la subjetividad del sentimiento, de las sensaciones y de las emociones que escapan; la segunda, contrariamente, caracterizada por la objetividad de las cosas, por su forma de mostrarse, por su, diríase, ser en sí mismas. No obstante Álvarez consigue, y este es su mayor mérito, atar sin contrastes los dos hilos, escapando de este modo tanto a la trampa del expresionismo, como a la de una captura impresionista de la realidad. Álvarez no carga jamás contra el objeto representado, volcando sobre él lo que pretende transmitir, ni por otra parte es sugestionado por el objeto como para pintar lo que desde fuera se le sugiere.
Justo esta posición de distanciamiento, que evidentemente no es tal, no derivando nunca su figuración en una interpretación objetiva e indiferente de las cosas, constituye el punto de extraordinario equilibrio que muestra su pintura. Alguien dijo: “hay que vivir como se piensa, de lo contrario corremos el riesgo de pensar del mismo modo que se vive”. Precisamente esta filosofía, ardua y difícil porque requiere coraje y aquella insoportable cualidad que es la coherencia, es la escogida por Álvarez, que se une a un selecto grupo de artistas que tienen una cosa en común: pintan al igual que piensan. He aquí porque me parece ejemplar el capítulo de los “muros”, y porque justo de las imágenes abstractas hay que partir para comprender a fondo la figuración del artista. Estar en medio de las cosas, mirar los objetos y la naturaleza, pero ver más allá de ellas: éste parece ser el deber de Álvarez, es decir abstraerse en el sentido conceptual de la palabra, recoger los elementos de lo visual para representar con ellos conceptos que solo pueden ser pensados.

Esta es la vocación de la pintura, incluso cuando en el muro se abre una inocente grieta, o una ventana destroza la pared recorrida por moriscos arabescos. La figuración reconocible puede llevar a reconocer cualquier cosa, pero lo que verdaderamente importa es la pura abstracción de la pintura en sí, con sus códigos, sus instrumentos, su lenguaje particular.

Establecido entonces, sin importar lo que represente, la de Álvarez es sobretodo y solo “pintura”, también es posible mirar sus “paisajes” que de cerca hacen volver los recuerdos de las viejas fotografías.
La suya es una naturaleza no completamente hospitalaria, casi gráficamente expresada; es una forma pictórica de gran extensión conceptual, que no conoce los detalles, solo las líneas esenciales que ahora conocen también la dulzura de los declives y la ausencia de aspereza. Normalmente estos “paisajes”, que todavía es posible ver en el interior de España, cuando las distancias se dilatan y el ojo se pierde en un horizonte de colinas o de campos de trigo, atravesados por árboles y manchas que no parecen tales, si no marcas marrones depositados sobre una masa rubia, estos paisajes, decía, son plasmados por Álvarez con una estrategia singular. El artista abre una ventana y, en primer plano, pictóricamente deposita una naturaleza muerta de alarmante simplicidad: dos granadas en toda su entereza, o partidas, un pequeño concierto de fruta. La estructura del cuadro, que de por sí denota la existencia de un interior invisible (probablemente solo sea la conciencia del artista) y que funciona como punto de observación, se polariza justo en estos elementos, el primero de los cuales (las cosas de la naturaleza) actúa como índice indicador del otro (la naturaleza en sí).

Pero es precisamente la “naturaleza muerta” el tercer y fundamental tema en el que el artista indaga, ofreciendo resultados de belleza sugestiva. A veces el artista recurre a la estrategia de la pared, como cuando plasma un muro, una simple mazorca, al lado de la cual coloca una llave de un sabor puede que simbólico. Ésta es una clase de “naturaleza muerta” de imagen pobre; mientras que a otro “pobrismo”, que podríamos llamar pictórico, recurre Álvarez en otras obras en las que reduce al mínimo su intervención, o mejor, la lleva a cabo con una sabiduría tal como para mimetizarla con algo que se libra de la misma vergüenza del hacer. Tomemos como ejemplo la naturaleza muerta en la que sobre un fondo de color ocre parecen casi surgir como un sudario una granada orgullosa de su íntegra belleza y doliente por su vida partida a mitad. Aquí, con una pintura sumergida, que da una sensación de boceto, de inacabado o de apenas indicado, Álvarez casi esconde su habilidad (que es visible en los pocos toques de pincel, en el tono rojo, en las superposiciones y en las veladuras que hacen valioso el cuadro) y, al mostrar la granada como simple aparición, lo sustrae tanto a la naturaleza como a la pintura, para concedérsela a la entereza absoluta de la poesía, del todo dicho y nada por decir.

Pero esa capacidad que esconde, otras veces el artista madrileño exhibe con orgullo, como cuando ambienta dos flores en un jarrón en el interior de un ovalo superado por un refinadísimo bordado que con su sabor antiguo trae consigo impresas las marcas del tiempo e ilumina el negro impenetrable del fondo.

Todas son “naturalezas muertas” que no solo pertenecen a aquella que por tradición es la “vida silenciosa” de las cosas, y que no tengo miedo de definir como abstractas. Esto sucede cuando aumenta el catalogo de las cosas que representa poniendo juntos sobre una mesa una botella, un vaso, un pan y unos melocotones de forma cézanniana o describiendo un interior con una silla y una consola de pared. Siempre supera de hecho, un ya alcanzado equilibrio formal, a través de la simplicidad, persigue y captura la belleza.

De hecho, justo en el recatado sentimiento de la belleza se concilian el sentimiento y la realidad, y el encuentro tiene lugar en el terreno de la pintura. La protesta, la desilusión, rabia, el malestar (cuando la pintura era instrumento del sentimiento) han sido aplacados y el artista muestra, no la realidad desnuda, si no la posibilidad de mirarla con ojos diferentes. Con los ojos de la atención, del amor, del consentimiento, de la comprensión. Y de este modo los muros, los paisajes y las cosas de la naturaleza, ya no son tales, indican en cambio con claridad el silencio, la reflexión, la armonía y la meditación. Se diría, y con razón, que hablamos de cosas abstractas.

Así como una pura idea abstracta es aquella que rige la figuración de Álvarez: la idea de un tiempo que se alimenta de momentos pero que siempre resulta ajeno a la caducidad.

Todas las cosas que Álvarez nos muestra morirán, pero no el sentido que ellas encarnan. Y conseguir parar la eternidad sin ninguna ayuda, bajo un improbable capitel, es un sortilegio solo a la pintura consentido. Y a los verdaderos pintores.

Lucio Barbera

Lucio Barbera

FRANCISCO ALVAREZ

Madrid, 1936
Asiste a las clases libres
de pintura y dibujo en el Círculo
de Bellas Artes de Madrid,
grabado y litografía
en la Escuela Nacional
de Artes Gráficas
y en la Escuela de Artes
y Oficios de esa ciudad.

PREMIOS
1972 – Primer premio de pintura en el “Concurso Internacional de Arte de Pizzo”.
1983 – Premio Santa Severina en Italia como pintor extranjero.
1997 – Primer Premio de Grabado en el “IV Premio Internacional Gráfica Mare”. Islas Eolias, Italia.
2000 – Premio de pintura en San Giovanni in Fiore en Sila, Italia.

OBRA REPRESENTADA EN:
Museo de Ayllón.
Calcografía Nacional de Madrid.
Museo del Grabado de Buenos Aires, Argentina.
Museo Itinerante Salvador Allende, Chile.
Museo de Arte Contemporáneo de Nicaragua.
Biblioteca Nacional de Madrid.
Diputación de Jaén.
Pinacoteca de la Caja de Ahorros de Calabria y Lucania.
Pinacoteca de la Cámara de Diputados de Italia.
Ayuntamiento de La Bisbal d’Empordà.
Universidad de Valencia.
Museo Municipal “Casa Orduña”, Guadalest. Alicante.
Universidad de Cantabria.
Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Madrid.
Museo Nacional Reina Sofía, Madrid.
Fundación Cultural Miguel Hernández, Orihuela. Alicante.

PROFESOR EN CURSOS DE GRABADO EN:
Gráfica 86, Betanzos. La Coruña.
Conoce el Museo y participa”. Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid, 1988.
Fundación “Casa de los Tres Mundos”. Granada, Nicaragua, 1991.

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Homenaje a Miguel Hernández

Homenaje a Miguel Hernández

Se presentó la obra “Pluma de oro”, del pintor oriolano Guillermo Bellod, homenaje a Miguel Hernández.
Desde el día 26 de octubre y hasta el 11 de noviembre permanecío expuesta en la Sala de exposiciones de la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela, dentro de los actos centrales de homenaje al poeta en su centenario.
El cuadro, pintado por el veterano y reconocido artista como homenaje plástico a Miguel, es fruto de varios años de dedicado trabajo, y se trata de la primera obra finalizada tras una enfermedad que le tuvo imposibilitado.

Centro:
Horario: De martes a sábados de 10 a 14 y de 17 a 20 horas. Domingos y festivos de 10 a 14 horas. Lunes, cerrado.

Sala de exposiciones de la Fundación Miguel Hernández.
Calle Miguel Hernández, 71
03300 Orihuela (Alicante).
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María Zambrano: Luz y silencio. De Antonio Ballesta

María Zambrano: Luz y silencio. De Antonio Ballesta

La exposición María Zámbrano: Luz y Silencio del pintor redovanense Antonio Ballesta se inauguró el martes día 5 de noviembre de 2010 en la Sala de exposiciones CAM de Orihuela. Fue organizada por la Fundación Miguel Hernández en colaboración con la Obra Cultural de la CAM.

La exposición pudo contemplarse hasta el 12 de noviembre de 2010 y en ella Ballesta rinde homenaje a la pensadora malagueña, a la que Miguel Hernández dedicó un poema en la revista oriolana “El Gallo Crisis” y con la que hizo una gran amistad. Las obras de Ballesta están inspiradas en máximas filosóficas de Zambrano y en ellas se advierte la búsqueda del yo interior en el silencio.

Ballesta ha colaborado con la Fundación que lleva el nombre del poeta en varias ocasiones, como en la muestra  “Miguel Hernández, presencia que no cesa” (en octubre de 2003), “Laberinto” (del 28 de mayo al 27 de junio de 2005) y en “Poesía y pintura. Pasiones concéntricas” (del 28 de octubre al 18 de diciembre de 2005).

Sala de exposiciones CAM de Orihuela.
Plaza de Europa s/n.
03300 Orihuela (Alicante).

Textos del catálogo

LA LUZ RELIGIOSA DE LOS MISTERIOS

“Pensar es ante todo descifrar lo que se siente”. En María Zambrano, el sentimiento va siempre por delante, porque “las grandes verdades no suelen decirse hablando”. La búsqueda de esa forma peculiar de razón que ella llama “razón poética”, y que ha acabado definiendo su filosofía, la lleva a mirar en su interior, en la vivencia sentida, para no sucumbir al peligro de perderse en el rigor de la lógica y la seguridad del sistema, en el castillo de razones que gusta de erigir la filosofía canónica. Zambrano hace filosofia desde una certeza intuida en el silencio de la pregunta que se guia por los sentidos, porque es la sensibilidad la que convierte en vida todo lo que toca. Está convencida de que sólo desde un pensamiento “mediado” por otras formas de conocimiento podrá descubrir lo que la supuesta claridad de la conciencia deja en la sombra y eclipsa con una profusión excesiva de ideas y definiciones. El “claro del bosque” es la metáfora adecuada porque uno se encuentra de repente en él, en un centro que se revela de golpe, sin haberlo buscado. Una revelación luminosa, sin palabras, donde se muestran las formas y se toca el misterio.

Zambrano habló de la pintura y se inspiró en ella. A diferencia de otras artes, como la música o la poesía, la pintura se le aparecía “muda y silenciosa” porque es “la más misteriosa de las artes”. Un arte que capta la luz, pero no la luz que ilumina las cosas reales, sino la transparencia que conduce a la luz homogénea de la abstracción. Pues lo atractivo de la luz auroral, la luz del alba a la que tantas veces se refirió, es la indecisión con que aparece. Es una luz que no viene a vencer las tinieblas, sino a alumbrarlas. Con la aurora todo nace y todo es posible.

No es raro que el pensar creativo, libre y luminoso de María Zambrano haya inspirado el lenguaje pictórico de Antonio Ballesta. No es raro que el artista se sienta interpelado por una filosofía que no rehuye la herencia religiosa ni el misterio, que respira libertad, que se apoya en la esperanza porque entiende que sin ella no hay plenitud posible.  Ballesta busca, como lo hizo Zambrano, la fusión de vida y conocimiento, la identidad del sentir y el pensar. Bebe de una filosofía que es arte porque ha sido creada desde el aislamiento que hace posible la contemplación. Y la contemplación “es la ley que la belleza lleva consigo”. Desde un ensimismamiento que “mira con toda el alma”, Ballesta da forma a esa luz que “no es hija de la luz de la filosofía diáfana, transparente, sino la luz religiosa de los misterios”.

Victoria Camps
Filósofa.
Catedrática de Filosofía moral y política de la Universidad Autónoma de Barcelona

……………………………

Durante el pasado siglo XX las relaciones entre el arte y otras disciplinas como la literatura o el pensamiento difuminaron los supuestos límites entre ellas. Con las vanguardias históricas se inició ese maridaje que ha dado sus frutos beneficiosos y enriquecedores. El siglo XX puede caracterizarse, en términos generales, como el de la interdisciplinariedad. España no se quedó al margen de este fenómeno, que recorrio Europa después de la gran crisis que supuso la Primera Guerra Mundial, y ahí están José Ortega y Gasset, sus discípulos Fernando Vela y María Zambrano, Juan Larrea, y otros muchos, que consiguieron allegar elementos poéticos a sus inquietudes trascendentales.

En la obra de María Zambrano se advierte esa preocupación por asirse de la literatura, concretamente de la poesía, para intentar llegar a los términos abstractos de la filosofía, con la luz y el silencio necesarios que requería esta introspección personal para ofrecer sus resultados en forma de ensayos o artículos.

Antonio Ballesta, de larga trayectoria artística, ha sabido conjugar su pasión por la poesía y por la pintura en estos 53 lienzos, que con unos versos-sentencias de Zambrano nos presenta su particular homenaje a la pensadora malagueña. Ballesta colaboró en la revista oriolana Empireuma, la más veterana de la provincia de Alicante y que siempre se interesó por las relaciones entre filosofía y poesía, y del lenguaje resultante de las mismas. En 1991 ofreció la muestra “La Mística en el Arte Religioso”, en Elche; en 2004 expone en la Sala de la Fundación Cultural Miguel Hernández “Laberinto” (“Sobre la dimensión humana”); y en 2005, en el mismo lugar, “Poesía y Pintura. Pasiones concéntricas”, que corrobora lo que aquí venimos apuntando y la constante preocupación de Ballesta por ligar elementos aparentemente contradictorios. Esta muestra supone el desarrollo natural de su trabajo.

Como se sabe, Miguel Hernández y María Zambrano se conocieron en el Madrid de 1934, cuando las vidas de ambos se debatían, como el futuro del país, entre lo viejo y lo nuevo, entre la tradición y la revolución, y mientras la cultura española, aliada con el entonces vigente sistema político republicano (con sus severas contradicciones, que lo condenarían a la guerra y a la derrota), conseguía un nivel cercano al resto de países europeos. Ambos colaboraron activamente en una de las empresas culturales de la época más importante: las Misiones Pedagógicas, que pretendían acercar al pueblo los valores culturales y espirituales que le habían sido arrebatados o escamoteados por una oligarquía secular. Se percibe el influjo de Ramón Sijé, pero también una personal querencia hernandiana por la tierra y la comunión con ella, en el poema “LA MORADA-amarilla”, publicado en el segundo número de la revista oriolana El Gallo Crisis, de agosto de 1934, en la que la espiritual Castilla, secularmente olvidada por los políticos, aparece descrita místicamente, desde la contemplación y el silencio.

Zambrano publicó un artículo en 1978, “Presencia de Miguel Hernández”, en el que el pensamiento y la vida van de la mano (el racio-vitalismo orteguiano, pero más matizado), como vida y poesía en el oriolano, lo que lo convierte, a ojos de Zambrano, en un “creyente”. Ballesta es también un “creyente” en la fértil relación entre palabra y pintura, lenguajes complementarios que nos ofrecen un paisaje subterráneo mágico de la realidad, cargado de simbolismos y arcanos heredados de los tiempos en los que el silencio acompañaba el discurrir cotidano de los hombres y mujeres.

Antonio Ballesta nos trae con esta exposición el fruto de su diálogo entre la poesía, el pensamiento y la pintura, con María Zambrano como objeto de su reflexión, y hermanado con ésta en la ascesis que, como artista, le obliga el silencio de la contemplación. Ojalá que sepamos unirnos también a él en ese diálogo tan enriquecedor para nuestras vidas.

Aitor L. Larrabide
Fundación Cultural Miguel Hernández
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