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| Como
escribe Leopoldo de Luis, en poco más de una década,
Miguel vivió una aventura lírica de gran riqueza y
de sorprendente evolución. Deslumbrado por el juego barroco
de Góngora y de los gongoristas de su tiempo -Alberti, Diego...-,
escribió el cuadro multicolor de Perito en lunas.
Deslumbrado por la belleza bucólica de Garcilaso, por su
"dolorido sentir", y por "las furias y penas"
de Quevedo, escribió El rayo que no cesa. Deslumbrado
por la simbología ascética y conceptual de Calderón,
escribió Quién te ha visto y quién te ve.
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Deslumbrado
por el turbión del surrealismo y su libertad asociativa,
escribió poemas como 'Mi sangre es un camino', 'Sino
sangriento', las odas a Neruda y Aleixandre y algunos otros
poemas. Deslumbrado por el heroísmo popular, escribió
Viento del pueblo. Y ya no deslumbrado, pero sí
amargamente sorprendido por el dolor y por la miseria de los
comportamientos humanos, escribió El hombre acecha
y Cancionero y romancero de ausencias. La presencia
de Miguel Hernández en el panorama de la poesía
española es importante tanto por su propio valor como
por sus relaciones de época. Aparece en un momento
brillante: cuando la famosa Generación del 27 está
mostrando su obra más representativa. |
| Participa
también de la Generación del 36, de su corriente
social inspirada en los movimientos obreros y reivindicativos,
línea en la que Miguel se encuentra particularmente
atraído en cuanto que lleva dentro un innato sentido
de la justicia y un vehemente amor al pueblo. La guerra civil,
que irrumpe aquel verano del 36 trastornando toda la sociedad
española, situará a Miguel en el centro de un
importante movimiento de poesía comprometida con la
situación. Entusiasta y vitalista por naturaleza, no
podía Miguel librar su poesía de las amargas
circunstancias concitadas contra él y contra los suyos.
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Víctima
a lo largo de su vivir de tantas injusticias, se convierte
en el más grave cantor de esas tres terribles ausencias
que son la guerra, la cárcel y la muerte. Joya de la
poesía del amor herido tanto como de la poesía
del aherrojamiento, su última producción lo
convierte en uno de los más altos poetas españoles
de todos los tiempos. |
| Por
otra parte, la obra hernandiana de esos últimos años
abrió caminos para la poesía de posguerra. Intensa
producción hernandiana la de 1938 a 1940, buena parte
escrita desde la cárcel, que se proyecta hacia los
jóvenes salidos de la contienda, sin duda desorientados
y confusos, sin maestros y algunos hasta casi sin voz. |
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